lunes, 9 de marzo de 2015


Estos tres textos de Wenceslao Fernández Flórez están recogidos en una recopilación de relatos titulada “Perros, gatos y otras amistades”.



Los tres relatos tienen en común que hacen referencia al mundo vegetal y animal.
En primer lugar y para centrar el tema que Fernández Flórez trata en estos relatos debemos preguntarnos: ¿Qué idea tiene Fernández Flórez sobre la naturaleza? 
Este autor no quiere darnos una idea idílica y placentera de la naturaleza. Lo que nos quiere mostrar de la naturaleza, es que esta encierra algo misterioso, adverso para el ser humano e incontrolable.
Los hombres disfrutamos de la naturaleza mientras esta nos lo permite pero es evidente que no tenemos el control sobre ella. Cuando la naturaleza traspasa el límite de lo que los humanos podemos controlar puede llegar a ser lo más temible que podemos imaginar: “Pero, en rigor, eso no era que la Naturaleza cuidase del hombre, sino que el hombre se acomodó como pudo a la Naturaleza. Ahora que se fabrican casas y que hay múltiples sistemas de calefacción (...). Por el contrario, gozamos y vivimos a pesar de la Naturaleza, que hace todo lo posible para que sucumbamos”. (de La madre naturaleza)

“La Naturaleza (...) –se dijo–. He aquí un nuevo ser que viene a trastornar mi labor con sus necesidades y su esencia. El caso es que ha llegado tarde. Si yo quisiera atender sus exigencias, tendría que rehacer por completo el mundo. Tal y como está hoy la Tierra, no hay posibilidad de que produzca casas de varios pisos con calefacción interior, fuentes de aperitivos, minas de calzado, tantas y tantas cosas como serían precisas... Meditó más aún, y decidió, con un encogimiento de hombros: Que se arregle como pueda”.
A pesar de esto, el autor contrapone en sus relatos la vida de nuestra civilización, en la ciudad a la vida en la naturaleza, siendo esta la mejor valorada: “En nombre de la civilización –que es un trabajo incesante– se le han pedido al hombre sacrificios superiores a sus energías. Cuando pudo reflexionar, libre de la tiránica disciplina de las trincheras, el hombre pensó, en su subconsciencia, que la civilización no le procura tantas ventajas como sacrificios. 
Desde que uno nace, la civilización se apodera de él y le dedica al trabajo: nos obliga a pasar los días en la escuela; después en la oficina, en el taller, en el gabinete de estudio: nos manda ir a matar, o ir a despachar expedientes... Muy tempranito va a llamarnos al lecho, y no nos deja de fastidiar hasta que volvemos a caer rendidos entre las sábanas. 
Son muchos los hombres que experimentaron agudos deseos de encararse con la civilización para preguntarle: –¿Cuándo vivimos? Y la civilización ha contestado apresuradamente: –los domingos. 
Sin embargo, los hombres desearían vivir algún día más que el domingo. el trabajo es demasiado tedioso, y , a la larga, concluye uno por creer que ha venido a este globo tan sólo para ser auxiliar de una pluma estilográfica, o de un martillo, o de un bisturí. 
Entonces nace el odio contra todos esos instrumentos, y las gentes más serias sueñan en tumbarse al sol y beber agua de los regates, y alimentarse con granos y raíces y vestir pieles de animales”. (de La madre naturaleza)
En estos tres relatos, Fenández Flórez, hace una critica al ser humano que se considera el rey de la creación y piensa que toda la naturaleza ha sido creada para servirle. El autor piensa que el hombre es un animal más, dentro de la creación, que busca principalmente perpetuar su especie: "Esto es, concretamente, una revelación más de nuestro egocentrismo que se resiste a admitir que ni el más pequeño detalle de cuanto ha sido creado puede tener otra finalidad que la de servirnos; así las abejas hacen miel para que la gustemos, y las estrellas están colgadas allá arriba, en el techo del cielo, para que los poetas las utilicen en sus imágenes, y suponemos que la marta cibelina, en cuanto llega a cierta edad, anda muy preocupada, diciéndose: '¿Cuándo vendrán a arrancarme esta piel que ya está a punto para formar parte de un gabán de señora? Temo que se estropee si tardan en quitármela'." (de El amigo perro)

En el mismo sentido leemos: “En cambio, las moscas nos sublevan porque ni nos comen ni las comemos, ni nos divierten ni las divertimos, ni nos dan su piel ni nos piden las nuestra. Lo mismo se paran en las calvas que en el techo; no nos hacen falta ni les hacemos falta. Y esto es lo que nos encoleriza contra ellas, mucho más que su pesadez, porque cavilamos: Pero ¿cómo puede existir este animalucho que no parece tener relación alguna con nosotros?” (de El amigo perro)

En este otro fragmento intenta también someter a las moscas y ponerlas al servicio del hombre. Aquí encontramos un personaje que ha sabido encontrar cual es el servicio que nos prestan las moscas: “¡Oh, estas moscas! Ustedes no saben la riqueza que tienen con ellas en Galicia.
Fruncí el ceño. ¡Qué diablo! Yo bien sé que en Galicia hay una terrible cantidad de moscas extraordinariamente molestas; pero no me gusta que un forastero me lo reproche. –Bien –repliqué–; ¿y qué tenemos con eso? Son moscas gallegas, nacidas de moscas gallegas; pican en lo suyo. Si a usted le parece mal, no haber venido.
–¡Cómo! ¡No haber venido!... Pero si yo les debo la vida y las amo como nadie las sabe amar. Yo estoy sometido aquí a una cura de moscas”. (de Cura de moscas)
“Se acostumbra a agitarse en su lucha con las moscas, y ya no puede estarse quieto nunca. ¿Quién fundó la rica y trabajadora ciudad de Vigo? las moscas. ¿A quién se deban las innúmeras fábricas de conservas y de salazón que hay en estas riberas? A las moscas.” (de Cura de moscas)
Finalmente, el tema fundamental que podemos encontrar en toda la obra de Wenceslao Fernández Flórez es el de la utilidad de la vida del hombre: “ La verdad es que somos muchísimos los hombres que dejamos pasar la vida sin que, al final de ella, podamos exigir con gran razón la gratitud de nuestros semejantes”, “–¿Por qué me obligan a trabajar? Y la sociedad responde: –Porque es preciso que seas útil a tus semejantes. Esto no es así. Muchas personas trabajan incesantemente sin que su labor sea útil a nadie”.
En estos tres relatos queda patente la ironía y el humor que siempre encontramos en los textos de Fernández Flórez. Pero no debemos observar esta característica como la fundamental de su obra. Debemos ir más allá y observar que toda la obra de Fernández Flórez está basada en la angustia de la tragedia del hombre, de su inutilidad y por este motivo todos sus personajes son personas corrientes representantes de la vida cotidiana y pone de manifiesto a través de dichos personajes su idea sobre el absurdo de la existencia humana.
Su obra está también cargada de lirismo, que podemos observarlo, principalmente en sus descripciones.

En sus obras también observamos una mezcla de humor y drama representando la vida misma. Nos habla de los absurdo de la vida y de lo monótono que es el mundo. Wenceslao Fernández Flórez no encuentra el sentido a la vida y finalmente no podrá darnos una solución al problema del hombre ante la naturaleza y ante la vida. (Pilar Aguilar)

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