A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España es una obra formada por una serie de relatos en los que Chaves Nogales narra de forma libre y sencilla “las realidades” de la Guerra Civil española.
Este libro resulta imprescindible para comprender y rechazar lo dañinas que pueden llegar a ser las ideologías extremas que siembran el odio y la violencia.
A través de estos relatos, Chavez muestra, en distintas situaciones, la batalla interior que se ve obligado a librar un hombre, en una situación extrema, entre la pertenencia a una ideología, con lo que esto conlleva de perdida de la individualidad y la obcecación a la que le conducen, frente a la libertad de la conciencia individual del hombre. Chaves consigue, con esta obra, hacer un alegato en favor de la conciencia individual del hombre, el respeto hacia otras ideologías y la necesidad de su convivencia sin violencia.
El autor escribió esta obra cuando ya se encontraba en su exilio en Francia. Chaves escribe estos relatos como exiliado que ya no se encuentra en el centro del conflicto. Aunque consigue escribir con la inmediatez y la pasión del horror recién vivido, esta distancia le da también la oportunidad de poder ver los acontecimientos desde un punto de vista crítico.
Hemos leído el prólogo junto con los dos relatos porque este nos puede ser útil para entender, de ante mano, cual es la postura y la visión del autor frente a la situación que se vivía en España en aquel momento.
A sangre y fuego, que como ya hemos dicho lo escribe desde París, está formado por una serie de relatos que, en principio fueron 9 y en la última edición de 2011 pasaron a ser once, se publicaron, en un principio, como relatos independientes en la prensa argentina. El primer relato publicado fue Y a lo lejos, una lucecita. Argentina fue en aquella difícil época para España, un centro importante de la cultura española, donde los escritores españoles pudieron dar rienda suelta a su creatividad. Asimismo, la prensa argentina les permitió la publicación de relatos y artículos relativos a la Guerra Civil.
El libro, como tal, donde se reunían los nueve relatos, fue publicado por primera vez por la editorial chilena Ercilla en 1937.
Los relatos de Chaves Nogales tuvieron una gran repercusión internacional. Su relato ¡Masacre, Masacre! apareció en el periódico parisino Candide el 15 de abril 1937 con el título de Le jeu de massacre.
La segunda edición, se publicó en Nueva York, fechada el mismo año y contaba también con los textos traducidos por Luis de Baeza, que era un amigo de Chaves que estaba, en aquel momento, de corresponsal en Londres de Ahora. con el título Heroes and beasts of Spain, Doubleday, Doran & Co, Garden City, New York, 1937.
En enero de 1938, en Londres, el periódico An evening Standard comenzó a publicar progresivamente la serie de relatos de Chaves, traducidos por Luis de Baeza.
También, en 1938 apareció una edición publicada en Canadá, en inglés, con el título de uno de los relatos And in the distance a light, con la traducción, así mismo, de Luis de Baeza y D.C.F. Harding, Heineman, London- Toronto, 1938.
Después de estas exitosas publicaciones el texto pasó a ser un texto olvidado y Chaves Nogales pasó a ser un desconocido hasta que Andrés Trapiello lo sacó a la luz en los años noventa. Intentando darle el sitio que se merece.
Los nueve relatos cortos, ahora once, que componen la obra A sangre y fuego no son únicamente fruto de la imaginación sino que están basados en personajes y hechos reales. Todos ellos están basados en situaciones y personas que el autor vivió o fueron noticia en aquel esperpéntico mundo de la guerra. Los personajes son, naturalmente, literarios pero no son obra de su fantasía sino que están personificando a arquetipos humanos que estaban representados en aquel contexto extremo. En otros contextos posibles el comportamiento de esos mismos personajes hubieran sido absolutamente distinto.
“El militar sacudió con toda su fuerza la pierna aprisionada, y sintió claramente cómo el tacón de su bota se hundía en la cara ensangrentada de aquel hombre, que le produjo la sensación repelente de una alimaña rabiosa a la que hubiese aplastado.”
“Cuando levantó la vista del suelo después de desembarazarse del caído, tropezó con las bocas de quince o veinte fusiles que le buscaban el pecho. En un instante comprendió que estaba perdido. Las fieras acosadas se revolvían contra él e iban a despedazarle”.
Esta obra podría clasificarse dentro del realismo. La visión que ofrece Chaves de la guerra, no la podemos calificar de indiferente ni objetiva. Aunque el autor no se coloca en ninguno de los dos bandos de la contienda, lo que le diferencia de otros muchos autores que escribieron sobre el tema de la Guerra Civil española, sufre por la situación de su país, por el exilio, por la violencia que es capaz de desarrollar el hombre movido por una ideología, etc.
Chaves, en estos relatos, es capaz de meternos en el ambiente de violencia y drama de la guerra, así como en la pérdida del valor de la vida y la desidia a la que lleva, en muchas ocasiones, el sufrimiento y la desesperación.
“Cada día le parecía más absurda y sin sentido su tarea. Correr de un lado a otro afanosamente para salvar una tela pintada, una piedra esculpida o un cristal tallado a través de aquella vorágine de la guerra y la revolución se le antojaba insensato. ¿Par qué? Cuando la vida humana había perdido en absoluto su valor, cuando una generación entera caía segada en flor, cuando veinte millones de seres pertenecientes a una raza vieja en la civilización se precipitaban a la barbarie de las edades primitivas, ¿qué sentido podían tener ni el arte ni los testimonios de un gloriosos pasado, ni todos aquellos valores espirituales por cuya conservación de desvelaba?”
“Cuando los hombres podían ser inmolados en masa con tan inhumana indiferencia, lo menos que podía pasar era que pereciesen también sin duelo las obras del espíritu que no sirvieron para evitar semejante barbarie. Arrasémoslo todo, pensaba.”
El autor se sirve de un narrador testigo para dar mayor realismo a sus relatos. Además en la narración se incluyen multitud de diálogos de forma directa dando así la palabra directamente a los personajes. En los cambios entre narración y diálogo el autor utiliza distintos niveles de lenguaje. El narrador utiliza un lenguaje más culto en sus descripciones y al introducir los diálogos aparece un lenguaje más elemental, acercándose de esta manera a la lengua cotidiana de los personajes. Esto está presente principalmente en las conversaciones entre milicianos donde se puede palpar la intensidad y la tensión de las situaciones.
“–¿Por qué los habéis matado? ¿Quién ha dado la orden de tiruar? _preguntó con mal ceño.
–Yo –le replicó el miliciano comunista que entró en el cuartel al mismo tiempo que él y que andaba capitaneando los grupos siempre con su gran pistola ametralladora colgada del cuello. [..]
–Yo he dado la orden de tirar. ¿Qué pasa?
Bigornia alzó los hombros e hizo un gesto vago.
–¡Bah! ¡No era necesario!”
En los diálogos directos Chavez utiliza el vocativo que les imprime el carácter de oralidad que los aproxima a la realidad.
El lenguaje cambia profundamente y se transforma en literario con numerosos elementos líricos, cuando el autor describe tanto los escenarios como los personajes. El autor a dado un gran espacio en su obra a la descripción lo que le separa de forma clara y contundente de la crónica periodística.
Las descripciones dan fuerza y carácter a la obra, sobretodo cuando el autor describe los bombardeos, las explosiones, los incendios, las batallas etc. También imprime fuerza y carácter en las descripciones de sus personajes. Esto está claramente concentrado en el título del libro A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España.
“Le llamaban Bigornia, y era un ogro jovial y arrabalero que balanceaba su corpachón envuelto en tela azul desteñida junto a las valles de los solares y los desmontes del suburbio donde tenía su vivienda. Un ogro que en vez de comerse a los niños los daba de sí, los producía con una fertilidad indecorosa, un ogro municipal y suburbano escandalosamente prolífico, acampado con toda su prole en una casucha de los arrabales de la gran ciudad como en la orilla de un bosque por cuya espesura de cúpulas, torres y chimeneas se adentraba todas las mañanas llevando en la mano un martillo de herrero...”
En resumen, Chaves dota a su obra de un lenguaje literario que le aleja de la crónica periodística. En ella utiliza los distintos niveles del lenguaje así como la metáfora, la comparación, el hipérbaton el polisíndeton y la alternancia de oraciones breves y extensas dependiendo de las sensaciones que desea transmitir para conferir a su obra la intensidad necesaria que requieren las situaciones narradas en la obra.
“... el inventario del tesoro artístico que el curso de los siglos había ido depositando en aquel lugarón manchego dormido hacía trescientos años en un repliegue de la estepa castellana.”
“El fuego del cañón había cesado, pero se oían distantes las descargas de fusilería que rasgaban el alba.”
“Desde Madrid la guerra se veía como el flujo y reflujo de una gigantesca marea humana cuyas oleadas impresionantes iban a romperse en el acantilado del frente.”
“Resistió un día, y otro, y otro, y una semana y un mes...”
Chavez analiza, asimismo, la importancia de algunos gestos que pueden parecer nimios pero que en una situación extrema pueden resultar de importancia vital.
“–¡Yo soy buena! ¡Mamá es buena! –repetía .
Y cuando poco a poco iba convenciéndose de que aquel ogro no la devoraba todavía, con la cara vuelta y sin atreverse a mirarle alzaba la manecita abierta creyendo que con aquel ademán podría conjurar el peligro que la aterrorizaba. Bigornia tapó los deditos tiernos de la criatura con su manaza velluda y sonriendo tristemente le dijo:
–¡Así, guapa, así!
Y le mostraba el puño cerrado...”
“–¿Cómo hacía papá? ¿Así? ¿O así? –le preguntó Bigornia abriendo y cerrando el puño.
–¡Así! –respondió la chica apretando sus cinco deditos. Luego tuvo miedo y agregó–: ¡Mamá es buena!”
La estructura de cada uno de los nueve relatos es lineal aunque el autor introduce en cada uno de ellos sucesos que acompañan a la acción principal pero que terminan también de forma lineal con el fin del relato. De esta manera, podemos decir que se trata de relatos cerrados.
Los relatos se centran en diferentes temas, todos al rededor de la guerra: la soledad, la perdida de los valores morales en defensa de una ideología, la tergiversación y adaptación de los hechos históricos que legitimen las acciones llevadas a cabo por cada uno de los bandos con fines políticos, la lucha interior entre la ideología colectiva y la individualidad del hombre, etc.
Los personajes viven en soledad: Bigornia, la mujer sola con sus hijos, Arnal, el soldado solo tras el tanque, el soldado ruso, etc. Ninguno de los personajes protagonistas ni secundarios conseguirá superar el horror de la guerra.
En el caso de Bigornia, tras muchas idas y vendidas, este se dejará llevar finalmente por el “ardor guerrero” y terminará sucumbiendo. En este relato, el que el autor consigue con unas breves pinceladas, hacer una perfecta descripción del “ogro”, tanto prosopográfica como etopeyica, gracias a la cual podemos hacernos una clara idea tanto del aspecto físico como de del carácter del personaje También percibimos con claridad su condición social y su manera de pensar. Con su prosa Chaves consigue, no solo que seamos capaces de conocer al personaje de forma bastante precisa, sino también enriquecer y embellecer su lenguaje.
En el caso de El tesoro de Briesca, Arnal, personaje complejo y principal de este relato, terminará también poseído y acabado por la guerra. Chaves utiliza este personaje para transmitir al lector algunas reflexiones como el cambio de valores en tiempo de guerra y el papel del arte o su utilidad en esta situación. En un momento del relato Arnal sufre una crisis en la que lucharán su conciencia individual contra la ideología colectiva. En un principio, separó algunos objetos de escaso valor con el fin de salvarlos de la hoguera,llevado por su sensibilidad pero finalmente trás presenciar el horror decide lanzarlos al fuego. Movido por ese clima de violencia Arnal llega a la conclusión de que las obras de arte deben ser destruidas junto con los seres humanos ya que estas no han sido capaces de salvar a la civilización, regresando así el hombre al primitivismo. En ese momento Arnal se implica de forma absoluta en la guerra y finalmente muere con la satisfacción de pensar que nadie jamas encontrará las dos obras de El Greco que el enterró y que finalmente se pudrirán en la tierra.
Esta obra muestra la visión de la guerra y la lucha por la dignidad que mantuvo Chaves Nogales durante toda su vida.
María Isabel Cintas Guillen, catedrática de Lengua castellana y Literatura y doctora en Filología Hispánica, investigadora y editora de las obras completas de Chaves Nogales dicej:
“Demócrata antes de cualquier otra consideración política; partidario del diálogo que había sido pisoteado por ambos bandos contendientes; herido en su alma por la contemplación de la masacre causada por la guerra, Manuel Chaves Nogales defiende una postura que muy pocos se atrevían a defender en el momento: encuentra que, por encima de todos los problemas que acosaban a la sociedad, dos fuerzas se habían enfrentado en el suelo español para imponer sus criterios, ambas extrañas al país y ambas seno de acogida de todo tipo de seres deplorables, que se amparaban en los miles de combatientes, de uno y otro lado, que actuaban movidos por convicciones, ellos sí. Dos ideologías, foráneas ambas, prepotentes y ambiciosas, que utilizaron el suelo español para medir sus fuerzas y dirimir sus diferencias. Eran estas fuerzas el Imperio contra la Revolución, fascismo contra comunismo y anarquismo. Hitler contra Stalin. Y en medio, el español inerme, que estaba sufriendo en sus carnes el envite brutal que causó, sobre la pérdida de tantas vidas humanas, el inmenso dolor de la guerra. Por ello, insistía en que, fuera cual fuese el resultado, el triunfo se asentaría sobre la sangre de inocentes, los propios españoles.”
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