miércoles, 1 de julio de 2015



        El escritor JUAN BENET nació en Madrid el siete de octubre de 1927 y murió, también en Madrid el 5 de enero de 1993. Estudió y ejerció la carrera de ingeniería de caminos. 
        Benet combinó siempre su profesión de ingeniero con la literatura. Siendo estudiante acudía a la tertulia de Pío Baroja. Pero realmente, según sus propias declaraciones, comienza a escribir cuando conoce la obra de William Faulkner. Durante sus años universitarios acudía a las tertulias de los cafés Gambrinus y Gijón donde conocerá a muchos escritores de la época.
        Practicó distintos géneros:  ensayo, cuento, drama y novela, destacando sobre todo en esta última. En los años 60 publicó su primer libro de relatos Nunca llegarás a nada y el ensayo La inspiración y el estilo. Durante años Colaboró con las publicaciones: Revista de Occidente, Cuadernos para el diálogo, Triunfo y Cuadernos Hispanoamericanos y desde 1976 colaboró con el periódico El País. En 1969 le conceden el Premio Biblioteca Breve con la novela Una meditación.  Llegó a ser finalista  del Premio Planeta con El aire de un crimen.
        Benet se encuentra entre los escritores más admirados por muchos novelistas actuales como referencia de la literatura española contemporánea. Su obra ha sido ampliamente reconocida como influencia fundamental en la evolución de la novela española moderna.


        El Syllabus es un relato breve que fue editado, por primera vez,  en un volumen de relatos cortos titulado Cinco narraciones y dos fábulas publicado por la editorial La Gaya Ciencia en 1972.

        La historia trata de un profesor jubilado al que le ofrecen impartir un curso, en el que aprovechará para dar rienda suelta a sus opiniones e ironías. 

        El profesor Canals había sido siempre un discreto profesor que nunca osó expresar ninguna opinión ni desarrollar ningún comportamiento que se saliera de lo normalmente establecido. En definitiva, siempre había resultado un buen profesor pero sin destacar. 

        En este curso consigue entusiasmar a los alumnos y muchos otros desearán hacer el curso pero el profesor Canals se niega.  La única excepción a esto se la ofrece a un alumno desconocido de provincias que le envía una carta interesándose por sus clases. 

        Al profesor Canals, esta carta le llama tanto la atención que no sólo hace una excepción con él, permitiéndole asistir a su curso, sino que él mismo le hace los papeles e incluso  paga su matrícula.

     
  El profesor, casi sin darse cuenta, elige a este alumno como objetivo de sus clases pero este se muestra indiferente. Esta actitud provocará una gran inquietud al profesor Canals y esto conseguirá cambiar el rumbo, hasta el momento, exitoso del curso.  Los alumnos perciben su inseguridad y la tediosidad de sus explicaciones. Cuando el alumno de provincias desaparece el profesor se vuelve a mostrar, nuevamente, brillante y cuando reaparece cae en desesperación hasta que finalmente elige una frase para dedicarle de Tucidides: "la retirada del más sabio de los atenienses de la escena pública, a fin de preservar la armonía de quienes no sabían ver tan lejos como él". Cuando El profesor Canals quiere observar la reacción del chico de provincias, este se levanta tranquilamente y dirigiéndole una mirada de menosprecio abandona la sala, lo que le dejará totalmente hundido.

        En esta narración queda patente la capacidad de Juan Benet para realizar relatos de misterio y terror. En este caso un extraño es capaz de minar las fuerzas de nuestro protagonista de tal forma que prácticamente fallece en el intento de llamar la atención y obtener la aprobación del desconocido.

        El profesor Canals acaba sintiendo una angustia incontrolable causada por un individuo desconocido que supone que es el alumno procedente de provincias, aunque ni siquiera está seguro de esto. 

        Asimismo, se imagina que el desconocido le dirige miradas de desprecio e indiferencia pero esto es una interpretación que hace el profesor Canals de su actitud.

        Este personaje desconocido, que irrumpe en el aula cuando el curso ya había iniciado su andadura, es el factor desencadenante de la historia. Sin este elemento la narración sería una narración realista sin ningún interés especial.

        El chico de provincias conseguirá, con su sola presencia, hacer perder el control de la situación al profesor Canals.

        Podríamos decir que se trata de una historia de terror intelectual, ya que en ningún momento existen amenazas expresas. El nuevo alumno es una amenaza psicológica para el profesor.

        Realmente, no sabemos a ciencia cierta si el extraño que entra en el aula es realmente el chico de provincias que había solicitado, por carta, el ingreso en el curso.

        El autor no nos da ningún detalle sobre la carta, ni si esta contenía algún dato que pudiera realmente hacernos sentir seguros de que aquel extraño era realmente el chico de provincias.

        El autor, realmente,  juega con el lector al no ofrecerle esta información. Quizá esto sea una estrategia que consigue darle al relato un aire aún más misterioso.

         En este relato, Benet concede al silencio y la actitud un valor tan importante como a la palabra. Es un relato de actitudes. El profesor Canals cambia de actitud durante el curso que imparte después de jubilado y consigue seducir a su auditorio, naturalmente, también por lo que comunica pero, sin duda, su actitud es fundamental. A su oponente en el relato, ni siquiera se le da opción a utilizar la palabra. Sólo con su actitud es capaz de sembrar el terror en el profesor.
        Según dice Enrique Vila-Matas: “Este cuento de Juan Benet lo leí algunos años antes que Bartleby, el escribiente, de modo que cuando llegué al relato de Melville no quedé tan sorprendido -como les ocurriera a tantos otros lectores- por la conducta del empleado huidizo que, a cualquier orden de su jefe, respondía que "prefería no hacerlo". Más bien me pareció que un aire de familia recorría las historias de Benet y Melville, un aire impregnado de sabias aproximaciones al silencio y de sutiles indagaciones sobre el negativo de las palabras y de la escritura y, en consecuencia, sobre el negativo de la vida misma.
        El despreciativo e impasible joven rubicundo de Benet y el escribiente Bartleby me siguen pareciendo hoy "figuras extremas de la nada", esas figuras de las que procede toda creación y que son, al mismo tiempo, las más implacables reivindicaciones de esta nada: una Nada que algunos imaginan de una excepcional blancura, y otros -entre los que me encuentro- como una potencia autónoma, pura y absoluta.”
        Así era entonces es un relato que nos cuenta una breve historia de una pandilla de jóvenes durante un verano. 
        En este relato como en Syllabus, Benet realizará un estudio de las actitudes humanas y sus posibles consecuencias. Al final del relato el autor ofrece una pequeña moraleja.
        Benet en sus relatos utiliza tanto la tercera persona (Syllabus) como la primera (Así era entonces).
        En ambos relatos Benet utiliza su estilo característico de oraciones interminables, como si el pensamiento se desbordara en su escritura. (Pilar Aguilar)


          El error obliga a rehacer el camino y eso enseña muchas cosas. La duda, no. Entre el error y la duda, opto siempre por el primero. (Juan Benet)

        En la vida, como en ajedrez, las piezas mayores pueden volverse sobre sus pasos, pero los peones sólo tienen un sentido de avance. (Juan Benet)


        Vivir satisfecho de uno mismo ha de ser muy aburrido, por eso no hay mejor cosa que meterse en aventuras. (Juan Benet)







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