El escritor JUAN BENET nació en Madrid el siete de octubre de 1927 y murió, también en Madrid el 5 de enero de 1993. Estudió y ejerció la carrera de ingeniería de caminos.
Benet combinó siempre su profesión de ingeniero con la literatura. Siendo estudiante acudía a la tertulia de Pío Baroja. Pero realmente, según sus propias declaraciones, comienza a escribir cuando conoce la obra de William Faulkner. Durante sus años universitarios acudía a las tertulias de los cafés Gambrinus y Gijón donde conocerá a muchos escritores de la época.
Practicó distintos géneros: ensayo, cuento, drama y novela, destacando sobre todo en esta última. En los años 60 publicó su primer libro de relatos Nunca llegarás a nada y el ensayo La inspiración y el estilo. Durante años Colaboró con las publicaciones: Revista de Occidente, Cuadernos para el diálogo, Triunfo y Cuadernos Hispanoamericanos y desde 1976 colaboró con el periódico El País. En 1969 le conceden el Premio Biblioteca Breve con la novela Una meditación. Llegó a ser finalista del Premio Planeta con El aire de un crimen.
Benet se encuentra entre los escritores más admirados por muchos novelistas actuales como referencia de la literatura española contemporánea. Su obra ha sido ampliamente reconocida como influencia fundamental en la evolución de la novela española moderna.
El profesor, casi sin darse cuenta, elige a este alumno como objetivo de sus clases pero este se muestra indiferente. Esta actitud provocará una gran inquietud al profesor Canals y esto conseguirá cambiar el rumbo, hasta el momento, exitoso del curso. Los alumnos perciben su inseguridad y la tediosidad de sus explicaciones. Cuando el alumno de provincias desaparece el profesor se vuelve a mostrar, nuevamente, brillante y cuando reaparece cae en desesperación hasta que finalmente elige una frase para dedicarle de Tucidides: "la retirada del más sabio de los atenienses de la escena pública, a fin de preservar la armonía de quienes no sabían ver tan lejos como él". Cuando El profesor Canals quiere observar la reacción del chico de provincias, este se levanta tranquilamente y dirigiéndole una mirada de menosprecio abandona la sala, lo que le dejará totalmente hundido.
En este relato, Benet concede al silencio y la actitud un valor tan importante como a la palabra. Es un relato de actitudes. El profesor Canals cambia de actitud durante el curso que imparte después de jubilado y consigue seducir a su auditorio, naturalmente, también por lo que comunica pero, sin duda, su actitud es fundamental. A su oponente en el relato, ni siquiera se le da opción a utilizar la palabra. Sólo con su actitud es capaz de sembrar el terror en el profesor.
Según dice Enrique Vila-Matas: “Este cuento de Juan Benet lo leí algunos años antes que Bartleby, el escribiente, de modo que cuando llegué al relato de Melville no quedé tan sorprendido -como les ocurriera a tantos otros lectores- por la conducta del empleado huidizo que, a cualquier orden de su jefe, respondía que "prefería no hacerlo". Más bien me pareció que un aire de familia recorría las historias de Benet y Melville, un aire impregnado de sabias aproximaciones al silencio y de sutiles indagaciones sobre el negativo de las palabras y de la escritura y, en consecuencia, sobre el negativo de la vida misma.
El despreciativo e impasible joven rubicundo de Benet y el escribiente Bartleby me siguen pareciendo hoy "figuras extremas de la nada", esas figuras de las que procede toda creación y que son, al mismo tiempo, las más implacables reivindicaciones de esta nada: una Nada que algunos imaginan de una excepcional blancura, y otros -entre los que me encuentro- como una potencia autónoma, pura y absoluta.”
Así era entonces es un relato que nos cuenta una breve historia de una pandilla de jóvenes durante un verano.
En este relato como en Syllabus, Benet realizará un estudio de las actitudes humanas y sus posibles consecuencias. Al final del relato el autor ofrece una pequeña moraleja.
Benet en sus relatos utiliza tanto la tercera persona (Syllabus) como la primera (Así era entonces).
En ambos relatos Benet utiliza su estilo característico de oraciones interminables, como si el pensamiento se desbordara en su escritura. (Pilar Aguilar)
El error obliga a rehacer el camino y eso enseña muchas cosas. La duda, no. Entre el error y la duda, opto siempre por el primero. (Juan Benet)
En la vida, como en ajedrez, las piezas mayores pueden volverse sobre sus pasos, pero los peones sólo tienen un sentido de avance. (Juan Benet)
Vivir satisfecho de uno mismo ha de ser muy aburrido, por eso no hay mejor cosa que meterse en aventuras. (Juan Benet)



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