La característica principal de la obra de Blasco Ibáñez fue la verosimilitud de sus personajes y de sus descripciones, la fluidez de su prosa que conduce al lector por sus relatos con suavidad y naturalidad pero sin perder su tensión y atractivo.
Blasco Ibáñez realizaba también excelentes descripciones de ambientes, gracias a que el escritor fundamentaba sus relatos en ambientes en los que él había vivido o que había conocido directamente. Así, de esta manera, surgen estos ‘Relatos Valencianos’.
Su época valenciana fue la primera y después a consecuencia de sus viajes y de sus vivencias durante la Primera Guerra Mundial escribirá obras que se saldrán del ámbito valenciano.
Vicente Blasco Ibáñez realizó una amplia producción literaria y periodística. Aunque su producción más numerosa la encontramos en la novela, también cultivó el género del cuento.
Este autor utilizaba este genero para perfeccionar sus recursos estilísticos y narrativos en general, así como para realizar estudios de distintos tipos de personajes que luego podría utilizar en sus novelas.
Blasco Ibáñez fue el primer escritor español que consiguió éxito internacional. Con su novela “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” llegó a ser el primer ‘Best Seller’ de la historia. Lo que le convirtió en el escritor español más leído en el plano internacional.
Este autor pudo disfrutar de su éxito y llevar una vida muy acomodada gracias a ello. Llegó a ser famoso, no sólo por las ventas de sus libros, sino también por las adaptaciones al cine que se hicieron de algunas de sus obras.
Entre los años 1894 y 1901 escribió sus obras de ambiente valenciano como “Arroz y tartana”, “La barraca” y “Cañas y barro”. Más adelante, entre los años 1903 y 1905 escribió varias novelas de denuncia social como “La catedral” y “El intruso”. Entre 1906 y 1909 publicó varias novelas como “Sangre y arena”, en las que realizó un profundo estudio psicológico de los personajes.
Durante la Primera Guerra Mundial escribió dos obras basadas en el ambiente de guerra. Fue en este período cuando escribió su novela más famosa “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”.
Volviendo a la época valenciana, a la que pertenecen nuestros dos relatos, tenemos que reseñar que su conocimiento del ambiente valenciano no se circunscribió al ambiente de la ciudad sino también al de la huerta valenciana.
Uno de sus contactos con la huerta tuvo lugar cuando acompañaba a su madre cuando llevaba a su hermana para que la criara una nodriza. Ibáñez se sintió profundamente impresionado por lo que vio en la huerta y por cómo vivían allí los hortelanos. Las barracas eran casuchas medio derruidas y muchos campos no estaban ni siquiera cultivados.
Su obra “El femater” está basada en esta experiencia. En el relato también encontramos una niña de la ciudad que se ha criado con una nodriza de la Huerta.
Tanto en “El femater” como en ¡Cosas de hombres! el autor analiza dos distintas posibilidades de reacción ante los celos por parte de dos chicos jóvenes. Los dos relatos concluyen de manera muy diferente ya que la gestión del sentimiento de celos no tiene nada que ver en ambos casos.
La publicación de estos ‘Cuentos Valenciano’s surgió como recopilación de doce relatos que ya habían sido publicados anteriormente en el diario “El Pueblo”.
El relato de “¡Cosas de hombres!” se nos presenta como una historia de celos apasionados con un final trágico. Por otra parte, en “El femater”, se les ha dado a los celos un tratamiento muy distinto y se ha enfocado como un primer desengaño amoroso.
Si lo observamos con detenimiento cualquiera de los dos relatos podía haber concluido con el final del otro, si no tuviéramos en cuenta el carácter de ambos protagonistas.
Los dos, tanto Nelet como Menut, son jóvenes y enamorados y en los dos casos aparece un tercero que Blasco nos lo presenta como un personaje más atractivo. Pero mientras que en el caso de Nelet, este contiene a su parte animal y se resigna, volviendo a buscarse la vida en su entorno anterior. En el de Menut, este deja salir la parte animal que lleva dentro y al no poder aguantar la situación terminará finalmente de forma trágica.
Los cuentos Valencianos podríamos enmarcarlos dentro de la estética del naturalismo por influencia de la obra de Zola, pero no es un naturalista puro sino que tiene un estilo muy personal brillante y lleno de color, lo que permite al lector disfrutar de sus descripciones como si fueran auténticas obras pictóricas. Estos relatos son, sobre todo, verosímiles.
Los Cuentos Valencianos parecen historias reales, llenas de coherencia para el lector, que, en muchas ocasiones, se ve reflejado como si fueran pasajes de su propia vida.
Blasco Ibáñez basará su escritura en su entorno y en sus vivencias. Para esto, se documentará siempre sobre el terreno con una minuciosa observación.
Los Cuentos Valencianos reflejan tanto el ambiente rural como el urbano. El autor muestra las diferencias entre clases sociales. Los personajes, de los dos relatos que hemos leído, representan tanto a grupos sociales como a caracteres individuales y están contados por un narrador omnisciente en tercera persona.
En cuanto a los recursos literarios, utiliza la descripción, como técnica principal y la fidelidad a los paisajes, sucesos y personajes de la realidad. Destacan el diálogo, el estilo indirecto y los monólogos.
Blasco utiliza un lenguaje cuidado aunque parezca extremadamente coloquial. Cada personaje se verá caracterizado por su lenguaje dependiendo del grupo social al que pertenece.
Con posterioridad, se centró, principalmente, en los libros de viajes como “La vuelta al mundo de un novelista” y vivió retirado en su villa, Fontana Rosa, situada en Menton, una población de la Costa Azul francesa. En esta villa, Blasco Ibáñez llevará una vida de millonario. Allí escribirá la colección de relatos “Novelas de la Costa Azul”, donde narrará experiencias personales de su estancia allí.
La actividad de este prolífico escritor no cesará en ningún momento, a pesar de que su estado de salud era bastante delicado.
Al final de su carrera escribió algunas novelas que el mismo llamó ‘Novelas Españolas Evocativas’ como “El Papa del mar”, “A los pies de Venus” y dos novelas que se publicaron después de su muerte; “En busca del gran Kan” y “El caballero de la Virgen” y “El fantasma de las alas de oro”.
Blasco Ibáñez falleció en enero de 1928, en su villa de Menton en Francia. (Pilar Aguilar)


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